Las inundaciones y sus circunstancias

Era Ortega y Gasset quien hablaba de valor de las circunstancias para afirmar que cada cual es como es por ellas; que si no las sabe gestionar difícilmente llegará a ser individuo y estar colectivamente. En esta encomienda se plantean dudas. No falta gente por ahí que defiende que hay que someterlas, no someterse a ellas; cual discípula del poeta latino Horacio. De cualquier manera, las circunstancias no deberían ser obstáculos irresolubles. Ahora nos movemos en un exceso de autocrítica. Lo cual convierte a las incertidumbres en montañas inaccesibles. Como tales, mucha gente las obvia. No será que ya no pensamos en lo que debemos hacer sino en lo que nos apetece, así se lo pregunta Victoria Camps. Seguramente se deba a que la libertad se haya vuelto egoísta y no repare nada en las circunstancias. Según ella, “La verdadera libertad implica pensar en los demás, actuar con responsabilidad y reconocer que no vivimos solos ”. Las circunstancias de la gobernanza ecosocial adquieren en estos momentos un protagonismo especial. Los partidos, los partidarios, de su libertad “ad hoc”, se mostraron satisfechos de que no se enviasen mensajes ES-alert tempranos a toda la ciudadanía expuesta a riesgos por las inundaciones de octubre de 2024. Durante estos meses de enero-febrero de 2026, las autoridades autonómicas de varias comunidades gobernadas por el PP han hecho uso de ellos. La buena gobernanza se demuestra actuando. Quedará en el anecdotario cuántas vidas se podrían haber evitado en la dana de octubre del 2024, cuánto debemos de agradecer la prevención ante estas lluvias de enero-febrero. Las circunstancias políticas deben cambiar en la dirección de proteger a la ciudadanía. El presidente andaluz, que en 2024 prefería no alarmar de forma infundada a la población, ahora ha preferido utilizar la prudencia y avisar a sus paisanos de los posibles riesgos. Las circunstancias políticas aparecen como un argumento compensatorio. Millones de teléfonos móviles en Catalunya y otros territorios recibieron últimamente una alerta oficial que pide precaución extrema ante los temporales de viento o lluvias previstos. Las clases y otras actividades se suspendieron. La derecha no ha protestado en esta ocasión, pero nos acordamos de cuando a algunos les parecía que estos mensajes eran un “intrusión del Estado en la privacidad del ciudadano”. De cuando evacuar o confinar, como ha hecho el Gobierno del PP estos días en Grazalema y otras localidades, eran verbos prohibidos. Ya no lo son. Hablamos de cómo la meteorología ha cambiado drásticamente: muchas precipitaciones y vientos. Cabe la posibilidad de que el clima, un cúmulo interactivo de las circunstancias, esté cambiando. Una seria incidencia es la irregularidad de las precipitaciones. Vendrán seguramente en tropel, o faltarán cuando más se necesitan. Además, nunca llueve a gusto de todos. Los comerciantes y hoteles de zonas turísticas podrían estar pensando en demandar, ¿a quién?, por los daños sufridos o los no ingresos percibidos. Los más de 2500 litros caídos en Grazalema son el ápice que asoma cuando miramos al cielo con temor. Empequeñece nuestra perspectiva antrópica hacia todo lo natural, pues creíamos dominarlo. Las situaciones encadenadas han provocado microsismos en varios pueblos de la sierra. Me empapo de lo que el Instituto Cervantes dice sobre el papel de la causalidad en mi admirado don Quijote: algún experto ha señalado que la casualidad, las circunstancias, los sucesos ocurren de forma fortuita. En las inundaciones ha habido muchos motivos, circunstancias orográficas e hidrográficas que han desembocado en sucesos; además de pretextos diversos. Causalidades meteorológicas y de pésima gestión del territorio; circunstancias orográficas que han motivado que las nubes descarguen sin clemencia en algunas zonas y dejen fluir el agua buscando llegar a zonas más bajas. Aleatoridad de precipitaciones, en forma de tren de borrascas y otros fenómenos meteorológicos. Se sabe que sucesos similares ya dilataron la conquista de Granada. Los Reyes Católicos debieron someterse al tiempo, por eso su conquista iniciada en 1482 se demoró hasta 1992 con la caída de Boabdill. En este caso todo fue más difícil, tanto que los historiadores achacan a la meteorología adversa el mayor número de bajas en el ejército cristiano, y no causadas por el enemigo. Contingente es el hecho de que Aemet considere el enero más lluvioso del último cuarto de siglo y el que menos horas de sol tuvo desde 1996. Las precipitaciones alcanzaron de media los 119 litros por metro cuadrado en la España peninsular, un 85% por encima del promedio de 1991-2020. Todos estos fenómenos nos hacen sospechar que el calentamiento global tiene varias caras. Un estudio publicado un año después en Nature Communications (17/02/2026) constató la influencia antrópica, vía cambio climático , en la magnitud de las inundaciones de octubre de 2024 en la costa levantina y Albacete. Circunstancial es que en este comienzo del año las intensas lluvias hayan inundado una parte de España y Portugal. No lo digo solo yo. El geógrafo y climatólogo Jorge Olcina –pocas personas hay en España más autorizadas para habla de este tema– atribuye la intensidad del tren de borrascas al calentamiento global. En ese contexto, la atmósfera está intentando encontrar su propio equilibrio térmico; para eso mueve enormes masas de aire de manera mucho más frecuente y con más intensidad. Una advertencia de Olcina: danas como la de Valencia puede repetirse cada cinco años en la próxima década. Incidencia nada fortuita: La presión de EEUU logró eliminar –imaginamos que impuso con amenazas– el cambio climático de las principales prioridades de la Agencia Internacional de Energía (AIE) –susceptibles a las amenazas– durante una tensa reunión ministerial en París. La sombra de la hipercoincidencia “trumpista” es alargada. DUDA FINAL.- Me hace considerar lo escrito como circunstancia: ¿Tendrán razón los sofistas en eso que decían de que ninguna proposición está exenta de las vicisitudes del tiempo, ni de la subjetividad o las circunstancias? ¡Demos tiempo a los tiempos! Siempre acostumbran a ser complementos circunstanciales de verbos transitivos. _______________________________________ Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.