«Desde que era muy pequeñita iba a hacer magdalenas con mi tía. Siempre me gustó la repostería, era algo que tenía muy claro», expresa Sandra Rodríguez, la propietaria de la pastelería canguesa Os doces de Sandra. Esa pasión fue la que le llevó a cumplir su sueño y montar su propio negocio, inaugurado el pasado 15 de agosto. Su historia es la de una receta bien ejecutada: valentía a la hora de emprender, apoyo de sus seres queridos, ingredientes de calidad y una absoluta dedicación que actúa como levadura. Casualmente, las magdalenas son el dulce estrella del local. «Estamos haciendo 300 al día», manifiesta la empresaria.