Siempre sangra alguien

He leído en una de esas pantallas que han puesto en los ascensores para que no tengamos que hablar (siempre a favor de una sana alienación, del condicionamiento no tanto) que, según el inversor Vinod Khosla, los niños que tengan en 2026 cinco años no tendrán que trabajar. Los estudios se harán por placer, los trabajos serán opcionales y el dinero una preocupación del pasado, irrelevante por completo. ¡Sigue tu pasión!. ¡Que inventen otros! Si en 2026 tienes 6 años en vez de 5, o por ahí, hemos de entender que tampoco habrá que trabajar, o sólo habrá que hacerlo un cortísimo espacio de tiempo. ¿Quién pagará impuestos, sostendrá pensiones, investigará gratis en un laboratorio para que siga avanzando la IA, apoyará la vida cómoda de las grandes instituciones, quién constituirá los cuerpos intermedios para que la libertad de mercado no sea total y nos la pegamos grandemente? Si piensan ustedes que dentro de veinte años la robótica estará al servicio general, de gratis, se equivocan. Ni las fortunas superiores van a renunciar a sus ventajas, escalón por escalón, ni los empresarios van a colectivizar sus beneficios: ya podrían unir sus fortunas y erradicar grandes males y no lo hacen, por lo mismo que un dragón no reparte su oro con los aldeanos. Naturalmente, en el momento en el que uno no depende de sí mismo para mantenerse, empiezan las sumisiones. Yo te subvenciono la utopía robótica pero hoy se come esto, mañana aquello, no se ataca la paz social (¡quieren volver a la época oscura del trabajo, estos salvajes!) y no se tienen robots agresivos en casa. Miren los avances desde el paleolítico, y miren que siempre sangra alguien.