El cartel lleva meses en la puerta. Plastificado, con las esquinas levantadas por la humedad, anuncia el horario de cualquier biblioteca municipal: lunes, miércoles y viernes de diez a dos. Los martes y los jueves, cerrada por falta de personal. Los sábados, cerrada. Las tardes, cerradas. Si alguien quiere leer, que madrugue.