El 60% de los españoles no es feliz en su trabajo: cuando la vocación ya no compensa el desgaste

Este 20 de marzo, coincidiendo con el Día Mundial de la Felicidad, los datos invitaban a una reflexión incómoda, ya que aunque los españoles se declaran, en términos generales, satisfechos con su vida, el ámbito laboral sigue siendo una asignatura pendiente. Hasta un 60% reconoce no ser feliz en su trabajo y un 40% afirma no sentirse respaldado en materia de bienestar laboral. Detrás de estas cifras hay factores conocidos como las condiciones económicas, la conciliación, el estrés, el ambiente laboral o la falta de oportunidades de crecimiento, pero también un problema más profundo que, según los expertos, lleva años enquistado. Un problema estructural que se ha normalizado "La infelicidad en los puestos de trabajo no es tanto un problema nuevo como un problema estructural que se ha normalizado durante años", explica Marta Martín, psicóloga encargada del área clínica de Alan. Durante décadas, señala, las organizaciones han priorizado la productividad y los resultados sin integrar el bienestar emocional como parte estratégica. Esto ha provocado que situaciones como la sobrecarga de trabajo o la presión constante se perciban como algo inherente al empleo. "Factores como la sobrecarga, la presión o la falta de conciliación se perciban como 'parte del trabajo' en lugar de señales de alerta", advierte. En la misma línea se sitúa José Luis Pascual Pedraza, socio-director de experiencia de empleado en Lukkap, quien apunta a un fallo de enfoque por el "la infelicidad en el trabajo no se resuelve porque sigamos atacando los síntomas y no el problema de fondo". Para el experto, muchas empresas han implementado mejoras superficiales, como flexibilidad u otros beneficios, sin abordar lo esencial: la relación entre compañía y trabajador. "Como cualquier relación, solo funciona si es bidireccional, si hay escucha real y capacidad de adaptación por ambas partes", subraya. El peso del entorno frente a la vocación Uno de los aspectos más llamativos de esta situación es que ni siquiera la vocación actúa como escudo. Profesiones tradicionalmente asociadas al compromiso personal, como la sanidad o la educación, tampoco escapan al desgaste. "La vocación es un factor protector importantísimo, pero no es un escudo infinito", explica Martín. De hecho, asegura haber acompañado a profesionales que, pese a su fuerte conexión con su trabajo, han acabado desarrollando un enorme desapego debido a entornos adversos. La psicóloga describe un proceso progresivo en el que la persona empieza a sentir que antes le encantaba su trabajo pero ahora le da "totalmente igual". Un hecho este que resume el deterioro emocional que se produce cuando las condiciones laborales no acompañan. Desde el ámbito de los recursos humanos, Pascual coincide en el diagnóstico al apuntar a que "la vocación puede ser el punto de partida, pero no es suficiente para sostener el compromiso en el tiempo". La falta de herramientas, desarrollo o reconocimiento acaba erosionando esa motivación inicial. "El entorno pesa tanto o más que la vocación", concluye. Expectativas frustradas y desconexión Otro de los factores clave es la brecha entre lo que los trabajadores esperan y lo que realmente...