Tras la muerte del ayatolá Jameneí en los primeros compases de la guerra desatada por EEUU e Israel contra Irán, su hijo Mojtaba le tomó el relevo con todo el poder político en sus manos pero también se situó al frente de un inmenso y opaco imperio económico que trasciende las fronteras del país y cuyas dimensiones se desconocen pero que varias fuentes coinciden en situar en 95.000 millones de dólares (Israel lo eleva a casi 200.000), casi una cuarta parte del PIB del país, que es de 475.000 millones de dólares, según las cifras del Banco Mundial correspondientes a 2024. Los lujosos inmuebles en Europa que en los días pasados la prensa internacional ha señalado como propiedad del nuevo guía espiritual iraní – en Mallorca, Londres, París o Toronto entre otros lugares- serían solo la punta del iceberg de un complejo entramado financiero de activos inmobiliarios y financieros por todo el mundo, diseñado con alambicadas estructuras legales que dificultan llegar hasta su titularidad real.