La idea de una renta básica universal impulsada por la Inteligencia Artificial (IA) gana fuerza como una respuesta a un futuro donde las máquinas serán más productivas que los humanos. Sin embargo, la perspectiva de recibir un ingreso sin trabajar, aunque atractiva, plantea un desafío existencial para el que no estamos listos. Así lo analiza el ingeniero, investigador y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, Claudio Feijóo, en una entrevista en el podcast 'Tengo un Plan'. Feijóo, especializado en economía digital y el impacto de la tecnología en la sociedad, ha estudiado de cerca el desarrollo tecnológico y su influencia en el equilibrio global, combinando investigación y divulgación sobre el futuro de la geopolítica digital. Feijóo afirma que estamos a las puertas de una transformación radical del concepto del trabajo, impulsada por los agentes de inteligencia artificial. Según el experto, "vamos crecientemente a darles permisos para que trabajen en nuestro nombre y hagan cosas". Este cambio, si bien puede hacernos más productivos, amenaza con "destruir cómo está configurado" el mundo laboral, un sistema que, recuerda, "es un invento que viene de la revolución industrial". El problema de fondo es que la sociedad asimila los cambios mucho más lentamente que la tecnología, lo que "va a causar muchas fricciones". El modelo actual nos ha llevado a asociar nuestra utilidad y valor a la productividad. "Hemos construido una ficción en la cual tú eres útil porque trabajas", señala Feijóo. Romper con esta idea y con todo el entramado social que la sostiene es una tarea "muy complicada", ya que, según el propio experto, la IA creará una renta básica universal que puede derivar en un problema social. Feijóo defiende que el valor real de una persona reside en su capacidad de "tener un cierto pensamiento crítico", su creatividad o su solidaridad. La transición nos obliga a una "reflexión muy profunda sobre qué queremos hacer de nuestras vidas". A su juicio, hay que abordar una pregunta colectiva: "¿Qué queremos ser de mayores?". El experto advierte que no será una transición fácil y estará llena de "altibajos y complicidades profundas, sociales". El experto alerta de una peligrosa evolución en tres fases. Primero, la actual economía de la atención, que busca captar nuestro interés. El segundo paso es la economía de la emoción, donde la tecnología ya intenta "entender qué sientes e intentar manipular eso". Feijóo pone como ejemplo las respuestas de algunos chatbots que simulan empatía para generar una reacción positiva en el usuario, aunque "le das igual completamente". El tercer y más inquietante paso es la economía de la decisión. A través de una "manipulación sutil", se puede influir en las elecciones diarias de las personas, desde qué consumir hasta a quién votar. "Tú piensas que tomas decisiones libremente, pero realmente no. Las semillas de las decisiones que vas a tomar están plantadas", advierte Feijóo. Esta capacidad de moldear el comportamiento plantea serios interrogantes sobre el libre albedrío y el control social. Más allá de la IA, Feijóo destaca la biología sintética como la revolución más importante que está por venir. La define como "entender cómo funciona la vida y toquetearla". Aunque reconoce que estamos en la "edad media" de la comprensión de procesos tan complejos como el funcionamiento del cerebro, asegura que "vamos a tocar los ladrillos con los que está construida la vida". Este avance abre la puerta a escenarios como vivir 150 años, pero también a dilemas éticos sin precedentes. Frente a esta carrera tecnológica, donde grandes empresas y gobiernos compiten por el poder, Feijóo defiende el modelo europeo basado en la regulación. Sostiene que la tecnología no es imparable y que "puedes utilizarla para esto, para lo otro, permitirla, prohibirla, modularla". El objetivo de Europa, explica, es que no decidan por nosotros "ni los mercados, las compañías, ni los gobiernos, como en el caso de China", sino poner en el centro a las personas. Aunque la IA no reemplazará trabajos que requieran empatía, la clave será decidir como sociedad qué queremos hacer con estas herramientas.