España se prepara para uno de los momentos más habituales del calendario anual: el cambio al horario de verano. Con la primavera ya iniciada, los relojes volverán a adelantarse para adaptarse a la nueva distribución de las horas de luz, una práctica que, aunque consolidada desde hace décadas, sigue generando dudas, debate y cierto rechazo entre la población. El ajuste tendrá lugar durante la madrugada del sábado 28 al domingo 29 de marzo de 2026. A las 2:00 de la madrugada, los relojes se adelantarán automáticamente hasta las 3:00 —en Canarias, de la 1:00 a las 2:00—, lo que implica que esa noche se perderá una hora de descanso. Como consecuencia, ese domingo tendrá una duración oficial de 23 horas. Este cambio, regulado en España por el Real Decreto 236/2002 y coordinado a nivel europeo, se realiza con el objetivo de aprovechar mejor la luz natural durante los meses de primavera y verano. Así, aunque amanecerá más tarde, también anochecerá más tarde, lo que permitirá disfrutar de más horas de luz por la tarde, algo especialmente valorado en la vida cotidiana y en actividades al aire libre. En la práctica, la mayoría de ciudadanos apenas tendrá que preocuparse por ajustar sus dispositivos. Teléfonos móviles, ordenadores, televisores inteligentes o relojes digitales conectados a internet actualizarán la hora automáticamente gracias a sistemas de sincronización como el protocolo NTP. Sin embargo, aún será necesario modificar manualmente la hora en relojes analógicos, electrodomésticos, algunos vehículos o dispositivos que no estén conectados a la red. ¿Cómo afecta a la vida diaria? Más allá del simple gesto de adelantar el reloj, el cambio horario tiene efectos directos en la organización diaria. Horarios laborales, escolares y comerciales pueden verse ligeramente alterados durante los primeros días, al igual que los ritmos de sueño. De hecho, no es raro que algunas personas experimenten una sensación de cansancio o desajuste temporal mientras su organismo se adapta al nuevo horario. El objetivo principal de esta medida es mejorar la eficiencia energética, reduciendo el consumo eléctrico al aprovechar mejor la luz natural. Sin embargo, en los últimos años han surgido dudas sobre el impacto real de este ahorro, así como sobre sus posibles efectos negativos en la salud y el bienestar de la población. Diversos estudios han señalado que los cambios de hora pueden afectar al ritmo circadiano, lo que ha alimentado el debate sobre la conveniencia de mantener esta práctica. ¿Podría ser este el último cambio de hora? En este contexto, el Gobierno de España ha planteado la posibilidad de que 2026 sea el último año en el que se aplique el cambio estacional de hora. La propuesta, trasladada a la Unión Europea, considera que esta medida podría estar desfasada y que sus beneficios ya no compensan los inconvenientes que genera. Además, distintas encuestas reflejan que una parte importante de la ciudadanía es partidaria de eliminar estos ajustes. No obstante, cualquier modificación dependerá de una decisión conjunta a nivel europeo. El calendario actual, que establece dos cambios de hora al año...