Hablemos de Dios 272: releyendo a Juan José Arreola

Mi vida es caótica. Mi vida no tiene principio, pero sí final. Como todas las vidas sobre la tierra. Y con este “chingadazo” de vida he tenido, no quiero ni me intriga y menos me emociona ser eterno. Seré feliz cuando sea cadáver (espero). Me llama mucho eso de no sentir, no ir al baño, no comer, no escuchar, no hablar... la nada. Espero que Dios cumpla sus promesas. Al menos es lo que él mandó dictar a sus amanuenses. Es aquello de: el muerto nada sabe, nada piensa, nada siente. La plenitud total en la nada, valga la paradoja (Eclesiastés 9.5). En fin.