El cuento que voy a contarte hoy tiene el sabor de los relatos que se dicen en las cocinas de Potrero de Ábrego cuando la tarde se hace larga por la lluvia, o se hace la noche cruel por el invierno. Entonces, frente al fogón en que los leños arden, don Abundio, una copita de mezcal en la mano y una traviesa chispa en la mirada, cuenta otra vez la misma historia, de todos ya sabida.