El liderazgo femenino ya no es una promesa ni una excepción: es una realidad visible en el mundo profesional y los ránkings lo confirman. Pero, en el Perú, ese avance convive con una verdad incómoda: para la mayoría de mujeres, llegar a posiciones de liderazgo y sostenerse en ellas aún implica un costo personal y familiar desproporcionado.