Ayer salió el Sol; fue un ratito nada más, como un espejismo entre tantos días de nubes, de lluvia desmedida y de vientos huracanados que ni Pepe Pótamo en su globo. Pues eso: que apareció el Sol y la mayoría de la gente se echó a la calle para quitarse el verdín del cuerpo y el musgo del alma. En el fondo, seguimos siendo animales de costumbres, y el cielo despejado tiene un poder casi terapéutico.