Cerco a la seca: la batalla contra la muerte silenciosa de la encina

La encina no muere de golpe: se apaga poco a poco. Primero pierde vigor, después amarillea y al final queda en pie como un esqueleto en mitad de la dehesa. La seca avanza así, a golpes lentos, abriendo claros donde antes había un techo de bellota y sombra que sostenía vida, ganado y economía.