Hay recetas que no pasan de moda porque nunca han intentado seguirla. La salsa boloñesa clásica, la de verdad, la que se cocina a fuego lento y sin prisas, es un ejemplo perfecto. Con más de 130 años de historia documentada en Italia, este ragú sigue siendo hoy uno de los grandes pilares de la cocina casera europea empleada en numerosos platos de pasta . No necesita técnicas modernas ni ingredientes exóticos: solamente tiempo, buenos productos y respeto por el proceso. Ahora que nos dominan las salsas rápidas y versiones abreviadas, volver a esta receta es casi un acto de resistencia culinaria. Aquí no hay atajos. La carne se cocina despacio, la verdura se integra sin protagonismo y la salsa se construye capa a capa hasta lograr una textura profunda, sedosa y reconfortante. Es una receta que alimenta de verdad, tanto por sabor como por memoria. Lo más llamativo es que, pese a su antigüedad, sigue funcionando exactamente igual que hace más de un siglo. Cada cucharada confirma por qué esta salsa ha sobrevivido generaciones: es equilibrada, rica, envolvente y absolutamente honesta . Pica muy finamente la cebolla, la zanahoria, el apio y el ajo . Sofríe todo en una cazuela amplia con el aceite de oliva a fuego medio, hasta que las verduras estén blandas y translúcidas, sin que se doren en exceso. Añade la carne picada, salpimenta y agrega la nuez moscada . Cocina removiendo, rompiendo bien la carne, hasta que pierda el color rosado y comience a dorarse ligeramente. Vierte la leche y deja que se evapore casi por completo, removiendo de vez en cuando . Este paso es clave para conseguir una carne más tierna y una salsa equilibrada. A continuación, añade el vino blanco y repite el proceso hasta que se reduzca. Incorpora los tomates pelados, aplastándolos ligeramente con la cuchara, y el caldo . Baja el fuego al mínimo y deja cocinar suavemente entre 90 minutos y 2 horas, removiendo ocasionalmente, hasta que la salsa esté espesa, oscura y profundamente aromática. Picar muy fino el sofrito es esencial para lograr una textura homogénea y elegante. No tengas prisa: el sabor final depende del tiempo de cocción , al igual que ocurre en otras recetas, como en este guiso antiinflamatorio . La leche no es opcional ; suaviza la acidez del tomate y mejora la textura de la carne. Esta salsa mejora de un día para otro y se congela perfectamente en porciones . Desde el punto de vista nutricional, esta salsa aporta proteínas de alta calidad, hierro y vitaminas del grupo B gracias a la carne, junto con antioxidantes y fibra procedentes de las verduras. Es una receta completa y saciante , pensada para platos principales, que demuestra que la cocina tradicional también puede ser equilibrada cuando se basa en ingredientes de calidad y técnicas bien ejecutadas.