Corresponsal de borrascas

Cada vez que bautizan una borrasca guardo un minuto de silencio por ese reportero que está a punto de recibir una llamada de su jefe: —Vete para allá, a ver qué pasa. —Vale– dice nuestro pobre corresponsal de borrascas, que al colgar busca en el altillo del armario las botas de agua y recuerda aquella remota tarde en la que pisó su primer charco. De cuándo decidió estudiar periodismo no se acuerda. Al rato, un coche llega a su casa para acercarlo al lugar de los hechos. —¡Siga a esa nube!– dice él al subirse, ya metidísimo en su papel de intrépido cazador de tormentas. El conductor asiente y en ese momento no se ríe, porque aún desconoce la tabla... Ver Más