No me propuse grandes cosas en la vida cuando demarré en el estricto corsé laboral sujeto a horarios, jefes, compañeros y tabarras variadas. Pero algunos principios sí tuve claros: alegrarme del éxito de los otros, aunque fuesen desconocidos, mantener las envidias a raya, actuar con discreción cuando las victorias y con suprema elegancia cuando las derrotas. Más o menos creo que lo he cumplido. Lo más difícil, sin duda, sentir sincero júbilo cuando un amigo triunfa. Ahí se mezclan diferentes sabores y te lo tienes que trabajar para que el bien anule al mal. Se logra, pero al principio cuesta. Luego, por suerte, te acostumbras y hasta lo incorporas a tu vida con naturalidad. ¿A Fulano le va bien? Pues... Ver Más