Dos escenarios y una ambición

No es habitual que los líderes políticos, sean dictadores o elegidos por el pueblo, renuncien al poder. Es como una droga que genera dependencia y que requiere un incremento de las dosis. Acostumbrados a la sumisión y al halago, los gobernantes se aferran a su condición con los más inverosímiles pretextos. El más habitual es el mantra de que, después de ellos, vendrá el diluvio. Sánchez, que ni siquiera ganó las elecciones, carece de mayoría para gobernar, lleva toda la legislatura sin Presupuestos y ha sufrido reveses en Extremadura y Aragón . Su única estrategia, en la que es maestro, es arrojar cortinas de humo para distraer al personal y presentarse como el dique contra el avance de la extrema... Ver Más