Que la menopausia trae sofocos, cambios de humor y noches en vela no es ningún secreto. Lo que sí sorprende es descubrir que, mientras todo eso ocurre, el cerebro se está transformando por dentro. Y no precisamente para mejor. Un equipo de la Universidad de Cambridge acaba de publicar en Psychological Medicine los resultados de una investigación que ha analizado a casi 125.000 mujeres británicas. El hallazgo central es tan claro como inquietante: después de la menopausia, el cerebro pierde volumen en zonas que controlan la memoria, las emociones y la capacidad de tomar decisiones. Hablamos del hipocampo, la corteza entorrinal y la corteza cingulada anterior. Casualmente, las mismas áreas que se deterioran en el Alzheimer. Barbara Sahakian, la científica que lidera el estudio, no se anda con rodeos: esto podría ayudar a entender por qué las mujeres desarrollan demencia casi el doble que los hombres. A 11.000 de esas mujeres les hicieron resonancias magnéticas. Las imágenes mostraron lo que muchas ya intuían: algo estaba cambiando ahí dentro. Pero además de las pruebas cerebrales, los cuestionarios revelaron otro panorama preocupante. Las mujeres posmenopáusicas reportaron más ansiedad, más depresión, más visitas al médico por salud mental y más recetas de antidepresivos. Dormían peor, se despertaban más veces y amanecían agotadas aunque hubieran estado ocho horas en la cama. La edad promedio en que todo esto empieza: 49 años y medio. Justo cuando muchas mujeres están en plena actividad laboral, familiar y social. Aquí viene la parte incómoda. Muchas mujeres recurren a la terapia de reemplazo hormonal (TRH) esperando frenar los efectos de la menopausia. En Reino Unido, un 15% la usa. Pero este estudio deja claro que las hormonas no revierten los cambios cerebrales. Ni de lejos. Es más: las mujeres que tomaban TRH presentaban niveles más altos de ansiedad y depresión que las que no la usaban. Eso sí, los investigadores aclaran que muchas ya tenían esos síntomas antes de la menopausia, y que probablemente los médicos les recetaron hormonas justo por eso, como medida preventiva. Lo único positivo que encontraron es que la TRH parece ayudar un poco con los tiempos de reacción. Las mujeres tratadas respondían más rápido en las pruebas cognitivas, parecido a las premenopáusicas. Las que no tomaban nada iban más lentas. Pero tampoco es que sea un cambio espectacular. Los especialistas insisten: lo que a los 30 años el cuerpo perdona, a los 50 ya no. Una cena pesada que antes no te quitaba el sueño ahora te deja despierta hasta las cuatro de la mañana con el cortisol por las nubes. "El ciclo hormonal se vuelve inestable y eso afecta a todo: la temperatura corporal, el apetito, el estado de ánimo... y también la arquitectura del sueño", añade Rodríguez Moroder. Su recomendación es tajante: ejercicio regular, dieta equilibrada, horarios estrictos de sueño y mucha atención a problemas como la apnea o el bruxismo, que empeoran cuando bajan los estrógenos. Christelle Langley, otra de las investigadoras, va más allá: "La menopausia es una etapa crucial. No se trata de alarmarse, pero sí de tomárselo en serio". Pide ayuda si te sientes mal. No minimices la niebla mental ni la tristeza repentina. Y sobre todo, no te dé vergüenza consultar. Este estudio, financiado por el Wellcome Trust y el sistema de salud británico, abre más preguntas de las que responde. ¿Se pueden prevenir estos cambios cerebrales? ¿Hay alternativas eficaces a las hormonas? ¿Cuándo conviene usarlas y cuándo no? Lo que está claro es que la menopausia no es solo un tema ginecológico. Es neurológico, psicológico, metabólico. Requiere un enfoque integral que todavía no existe en la mayoría de sistemas de salud. Mientras la ciencia sigue buscando respuestas, las recomendaciones son sencillas pero firmes: cuida tu sueño, muévete, come bien y no te guardes lo que sientes. Porque si algo deja claro este estudio es que ignorar los síntomas no hace que desaparezcan. Ni en la cabeza ni en el cerebro.