El resultado electoral en Aragón, anticipado por las encuestas, dibuja la factura del abandono del centro por parte del PP y de su asimilación del lenguaje de la extrema derecha. El Partido Popular gana, pero pierde escaños y espacio propio, mientras Vox casi duplica representación y se convierte de nuevo en llave de la gobernabilidad. El partido de Núñez-Feijóo debería sincerarse sobre si su naturaleza es el centroderecha reformista o prefiere asumir el relato ultra sobre migración, seguridad o memoria, con el que normaliza a quien lo exhibe de forma más descarnada.