Lo de Feijóo equivocándose o cometiendo lapsus durante su visita a una empresa cárnica en Binéfar (Fribin) al equivocarse hasta en ocho ocasiones al nombrarla mientras hablaba de su "conocimiento detallado" del negocio, me recuerda mucho a esos casos grotescos e irrisorios que encarnaba con frecuencia Mariano Rajoy. Puede parecer una simple anécdota de campaña, sin embargo, hay que preguntarse si no revela algo más profundo que un error de pronunciación. No se trata de exigirle una memoria infalible ni una dicción perfecta, sino de coherencia. Resulta difícil sostener un discurso sobre la importancia del mundo rural, la industria agroalimentaria y el arraigo territorial cuando ni siquiera se acierta en el nombre de la empresa que se utiliza como símbolo de todo ello, y cuyo rótulo era perfectamente visible a sus espaldas. Y eso que la eleva a símbolo del mundo rural, pero no conoce ni como se llama.