Aquí mando yo

A Pilar Miró se la cargaron de la dirección general de RTVE por endosar a la empresa sus gastos de vestuario. En plena polémica por el asunto, encargó el programa de fin de año (estamos en 1988) a Javier Gurruchuga, quien ingenió una sucesión de sketches de una transgresión nunca vista en lo que tituló La última cena, con inclusión de pedorretas y vomitonas de populares invitados. Concluyó la astracanada paseando a la propia Miró en persona, ataviada con un imposible traje dorado, por los estudios de televisión mientras iba repitiendo como una autómata: «Aquí mando yo», «Aquí mando yo»...