Beatriz sabía desde niña que su salud mental era frágil. Sufría temporadas de tristeza intensa y tenía pensamientos intrusivos que la hacían darse cuenta de que las cosas no marchaban con normalidad. Visitó a diferentes especialistas. De ninguna consulta salía con una respuesta clara. En el fondo, confiesa, ella misma no quería admitir que lo que ocurría tenía un nombre.