El creciente fértil

«Marte puede esperar». A los más viejunos, y más si son cinéfilos, esa frase de Pedro Sánchez les puede evocar El cielo puede esperar, aquella película de un Warren Beatty acaso nunca tan apolíneo; posando en la cartelera con unas alas de Ginés Liébana para trascender su condición de mortal. Eran los años setenta y el maniqueísmo de los villanos destilaba un hipnotizante astracán, mucho menos inquietante que sus actuales herederos.