Vox resiste a sus guerras civiles, los audios de Aragón y los de Revuelta

Vox ha vuelto a demostrar en Aragón una paradoja que se repite elección tras elección: cuanto mayor es el ruido interno y la polémica pública que rodea a la formación de extrema derecha, mayor parece ser también su resistencia en las urnas. Ni los audios de dirigentes regionales cargando contra la dirección nacional ni las turbulencias en su órbita juvenil han impedido que el partido duplique escaños y se consolide como actor imprescindible para la gobernabilidad. Lejos de erosionar su base electoral, las crisis que han marcado las semanas previas a los comicios han convivido con un nuevo avance que refuerza la idea, cada vez más asentada en el tablero político español, de que la formación liderada por Santiago Abascal ha logrado blindar a su electorado frente al desgaste que sí sufren otras fuerzas cuando atraviesan conflictos internos. Las elecciones autonómicas aragonesas, convocadas de forma anticipada por el presidente regional, Jorge Azcón, buscaban precisamente lo contrario: reducir la dependencia del Partido Popular respecto a Vox y abrir la puerta a una legislatura con mayor margen de maniobra para los populares. El resultado ha sido diametralmente opuesto. Vox no solo ha resistido, sino que ha sido el gran vencedor político de la jornada al pasar de siete a catorce escaños, duplicando su representación parlamentaria y elevando su porcentaje de voto en más de seis puntos, hasta rozar el 18%. El crecimiento en sufragios —superior a los 40.000 respecto a la anterior cita electoral— confirma una tendencia ascendente que ya se había observado en otros territorios y que vuelve a colocar a la formación ultra en el centro de cualquier ecuación de poder. Mientras tanto, el PP ganó las elecciones en términos absolutos, pero lo hizo perdiendo fuerza. La caída en votos, porcentaje y escaños deja a Azcón más lejos de la mayoría absoluta y, sobre todo, más atado a Vox para asegurar su investidura. Ni siquiera una eventual suma con fuerzas minoritarias bastaría para garantizar la estabilidad parlamentaria sin el respaldo —o al menos la abstención— de los diputados de Abascal. Esa aritmética otorga a Vox una capacidad de presión política notable en la negociación del futuro gobierno autonómico y anticipa un endurecimiento de sus exigencias programáticas. El avance electoral se ha producido, además, en medio de un clima interno especialmente convulso en Aragón. Durante la campaña salieron a la luz audios de altos cargos territoriales en los que se vertían duras críticas contra la dirección nacional del partido y contra el propio Abascal. Las grabaciones reflejaban desacuerdos estratégicos, reproches por decisiones adoptadas desde Madrid e incluso descalificaciones personales que evidencian la existencia de tensiones orgánicas profundas. La difusión de ese material amenazó con abrir una crisis de autoridad en plena recta final hacia las urnas, pero el impacto político terminó siendo limitado. Desde la cúpula nacional se optó por restar importancia a los audios y enmarcarlos en la normalidad de cualquier organización política con debate interno, al tiempo que se denunciaba una supuesta operación de desgaste promovida por adversarios políticos...