Lo de Rufián y Delgado: qué es, hacia dónde va y con quién cuentan

La izquierda situada a la izquierda del PSOE vive desde hace años en una suerte de provisionalidad permanente. Proyectos que nacen con vocación de mayoría, alianzas que se reconfiguran elección tras elección y debates estratégicos que regresan cíclicamente dibujan un espacio político en búsqueda constante de estabilidad. Las confluencias amplias que marcaron el inicio del último ciclo político dieron paso, con el tiempo, a estructuras más fragmentadas, atravesadas por diferencias organizativas, liderazgos en disputa y un peso creciente de las agendas territoriales. En ese contexto, la cooperación aparece de forma recurrente como condición de supervivencia electoral, pero también como una fórmula difícil de sostener en el tiempo. El resultado es un escenario de revisión continua, donde cada movimiento interno se interpreta tanto como síntoma de debilidad como posible punto de partida para una nueva etapa. Es sobre ese terreno inestable donde se inscribe ahora la iniciativa impulsada por Gabriel Rufián y Emilio Delgado, presentada más como una conversación política que como un proyecto cerrado. El encuentro entre ambos, fijado para el próximo 18 de febrero en la Sala Galileo, pretende reabrir el debate sobre la recomposición del espacio progresista, explorar afinidades estratégicas y medir la disposición real de las distintas fuerzas a construir algún tipo de horizonte compartido. Sin hoja de ruta orgánica ni propuesta electoral concreta, el gesto funciona, por el momento, como catalizador de una discusión más amplia: hasta dónde puede llegar la unidad de la izquierda alternativa al PSOE y bajo qué condiciones políticas, territoriales y programáticas podría llegar a materializarse. Escepticismo inicial y el arraigo territorial como línea roja común La primera reacción dentro del propio espacio progresista dibuja, en todo caso, un clima marcado por la prudencia más que por el entusiasmo. A falta de conocer detalles concretos sobre objetivos, tiempos o fórmula organizativa, la mayoría de fuerzas evita otorgar a la propuesta un alcance que todavía no ha definido. En ese mapa inicial, Podemos ha sido la primera formación en descolgarse abiertamente: reduce el movimiento a una mera "charla" y cuestiona que cuente con respaldo orgánico real dentro de ERC o Más Madrid, marcando distancia desde el inicio. Más allá de ese rechazo frontal, el denominador común entre el resto de actores es el escepticismo acompañado de una reivindicación del arraigo territorial como punto de partida político. Compromís lo ha expresado con claridad: "Desde el absoluto respeto es bueno que figuras de la izquierda estén en contacto, pero cada territorio tiene sus peculiaridades y no son iguales". "Sumar siglas no garantiza la clave del éxito, ni tampoco amontonarlas. Compromís ahora mismo puede ser mucho más útil siendo fuerte en nuestra tierra y con un discurso propio y de defensa directa de los valencianos y las valencianas", han subrayado fuentes a ElPlural.com. Una reflexión que conecta con la "lección aprendida" que verbaliza Joan Baldoví: la acumulación de nombres o estructuras no asegura resultados, aunque considera positivo que el debate exista. Ese énfasis territorial atraviesa también otras respuestas. En EH Bildu subrayan su voluntad de seguir...