Una de las dudas más recurrentes cuando se tiene una hipoteca es hasta qué punto merece la pena amortizarla o no. El dilema tiene sentido porque no existe una respuesta única, sino que depende de múltiples factores personales y financieros. Pero ¿cuál es la decisión más acertada? Sobre este tema ha hablado Sergi Torrens, asesor financiero que se dedica a divulgar consejos sobre gestión de patrimonio en redes sociales. En uno de los vídeos más recientes de su canal de YouTube analiza los argumentos a favor y en contra de amortizar hipoteca y explica qué variables deberían tenerse en cuenta antes de tomar una decisión. Según Torrens, el primer paso es analizar la situación de partida a partir de tres elementos. Por un lado, si la hipoteca es anterior o posterior a 2013, ya que esto puede implicar ventajas fiscales importantes. En segundo lugar, revisar las condiciones del contrato, incluyendo tipo de interés y posibles comisiones por amortización anticipada. Y, por último, evaluar el nivel de ahorro disponible y la capacidad real de seguir generando liquidez. Uno de los errores más habituales, señala, es plantearse amortizar cuando apenas se dispone de ahorros. «Si tienes pocos ahorros y estás pensando en utilizarlos para amortizar hipoteca, yo personalmente creo que es una muy mala idea», afirma. El motivo es que reducir deuda a costa de quedarse sin colchón financiero puede generar problemas graves si surge un imprevisto, ya que se pierde liquidez para afrontar pagos o emergencias. Por eso insiste en que la prioridad debería ser construir una base sólida de ahorro antes de amortizar. Tener liquidez, explica, aporta tranquilidad y flexibilidad financiera, pues permite seguir pagando la hipoteca incluso en momentos complicados y evita situaciones de estrés económico que podrían acabar siendo más perjudiciales que mantener un poco más de deuda. Una vez existe ese colchón, el siguiente paso es comparar números. Torrens plantea evaluar cuánto se paga realmente de intereses y qué rentabilidad alternativa podría obtenerse invirtiendo ese dinero. «Aquí la intención sería ver si en lugar de poner dinero en la hipoteca, lo pusiéramos en inversiones, si saldría más a cuenta», señala, insistiendo en que no basta con intuiciones, sino que hay que hacer cálculos concretos. Para ilustrarlo, propone un ejemplo en el que se ahorran 150 euros al mes, con una rentabilidad hipotética del 4% anual frente a una hipoteca al 1%. En este escenario, invertir y reinvertir el dinero puede resultar más rentable que amortizar, ya que el diferencial entre intereses y rentabilidad juega a favor del inversor. Aun así, advierte que el resultado depende directamente de ese diferencial y de los impuestos que haya que pagar sobre las ganancias. También destaca que amortizar suele tener más impacto cuando quedan muchos años de hipoteca, porque se eliminan intereses futuros durante toda la vida del préstamo. Sin embargo, a medida que se acerca el final del plazo, el beneficio de amortizar disminuye, ya que el peso de los intereses pendientes es menor. Un caso especial son las hipotecas firmadas antes de 2013, que pueden incluir deducciones fiscales hasta los 9.040 euros. Según explica, en estos casos amortizar hasta el límite deducible puede generar una rentabilidad muy interesante. «Solo por amortizar la hipoteca puedes obtener una rentabilidad del 5% o más gracias al ahorro fiscal», apunta, algo difícil de igualar con inversiones conservadoras. Eso sí, incluso en estos supuestos recomienda actuar con estrategia y no precipitarse. «Si tu hipoteca es de antes de 2013 y te toca la lotería, ni se te ocurra amortizar el total», afirma, ya que puede resultar más rentable mantener el crédito y aprovechar cada año las deducciones fiscales mientras se conserva liquidez.