Luis Marín de San Martín anima a los sacerdotes de Madrid a "leer los signos de los tiempos" para no anclarse al pasado ni ofrecer recetas "rutinarias"

“Caminar en caridad y en verdad”. A ello ha animado Luis Marín de San Martín, agustino y subsecretario del Sínodo de los Obispos, a los sacerdotes de Madrid durante su ponencia en 'Convivium' que celebra la archidiócesis hasta este martes. En su alocución, Marín de San Martín recuerda que la caridad constituye “un amor más grande aún que la fe y nada de lo que hagamos, enseñemos u organicemos, ninguna acción personal o comunitaria tiene valor alguno si no es desde la caritas”. A su juicio, la Iglesia debe ser “un espacio donde las relaciones pueden prosperar en el amor mutuo, fundado en la Trinidad, que constituye el mandamiento nuevo dejado por Jesús a sus discípulos”. En cuanto a la Verdad, el obispo agustino subraya que no es un algo, “sino Alguien”, la persona viva de Jesucristo. “Es la disposición básica. Solo el corazón humilde es capaz de abrirse a las maravillas de Dios, con las cuales nos sorprende y nos asombra. La humildad nos proporciona ojos para ver y oídos para escuchar; solo el humilde puede confiar, ponerse en camino y dejarse guiar”, ha sostenido. Luis Marín de San Martín ha puesto en valor el legado del Concilio Vaticano II, que define “como una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza”, tanto en momentos de tempestades como serenos. En este sentido, el agustino ha instado a los sacerdotes de la archidiócesis de Madrid a releer los documentos conciliares, aprovechando que León XIV ha iniciado en las audiencias generales un ciclo de catequesis en torno a ello. “No debe ser “terra ignota” debido al desconocimiento producto de la apatía, la desinformación o la manipulación. Un católico, y más aún un pastor, no puede prescindir del legado que configura a la Iglesia hoy”, ha recalcado. Luis Marín de San Martín también ha alertado en su intervención sobre las divisiones en el seno de la Iglesia, pero que no tienen que ver con “las diferencias de opinión, sensibilidad, formación o personalidad”, sino a la que tiene que ver con “la ruptura del vínculo del amor; a ver un enemigo en el otro cristiano, que no piensa como yo; a despersonalizar, a considerar números a los hijos e hijas de Dios”, ha puntualizado. El subsecretario del Sínodo de los Obispos ha hecho hincapié en los retos a los que se enfrentan los sacerdotes y por ende la Iglesia. Por un lado el cristocéntrico, que se refiere a que “toda reforma de la Iglesia deberá tener entonces como objetivo, teológicamente, el hacer mejor, más creíble y efectivo, el anuncio de Jesús como Señor”. El segundo reto es el eclesiológico, por el que “los presbíteros, en la Iglesia local, están unidos entre sí y constituyen, un ordo consultivo del obispo, con el que forman un único presbiterio”. El tercer reto que plantea Marín de San Martín es el evangelizador, cuya misión “pertenece también a la dimensión constitutiva de la Iglesia”. Una dinámica evangelizadora que requiere, apunta el agustino, “saber leer e interpretar los signos de los tiempos, considerar los contextos temporales, geográficos y culturales, evitando permanecer anclados en épocas que ya no existen, o ceder a la tentación de ofrecer “recetas” prefabricadas, rutinarias y, por tanto, poco eficaces”, ha subrayado. Al final de su intervención, Marín de San Martín anima a los presbíteros a ser “servidores de la alegría” en un contexto social, especialmente en Occidente, “marcado por la tristeza y, sobre todo, por el pesimismo resignado, que tal vez puede filtrarse en el alma del sacerdote, abocándole al individualismo, el egoísmo y la soledad”, ha advertido.