Sí, hay tiburones blancos en el Mediterráneo español: un nuevo estudio lo confirma

Durante décadas, el tiburón blanco ha tenido una presencia casi fantasmal en el Mediterráneo español: citado en crónicas antiguas, inferido a partir de mordeduras en tortugas marinas o capturas accidentales aisladas, pero rara vez documentado con pruebas concluyentes. Ahora, un nuevo registro confirmado científicamente devuelve a esta especie emblemática al foco de la investigación marina. Un ejemplar juvenil de Carcharodon carcharias , capturado accidentalmente en abril de 2023 dentro de la Zona Económica Exclusiva española, aporta una evidencia sólida de que el gran depredador sigue cruzando —aunque de forma excepcional— nuestras aguas. El hallazgo ha sido documentado por investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y la Universidad de Cádiz en un estudio publicado en la revista Acta Ichthylogica et Piscatoria . El ejemplar, de uno s 2,1 metros de longitud y un peso estimado entre 80 y 90 kilos, fue identificado de forma inequívoca mediante análisis genéticos . La secuenciación de ADN mitocondrial confirmó con un alto grado de fiabilidad que se trataba de un tiburón blanco , convirtiendo este caso en uno de los pocos registros verificados en aguas españolas en las últimas décadas. «El origen de este trabajo está en la documentación de una captura accidental que conocimos gracias a la estrecha colaboración que mantenemos con el sector pesquero», explica José Carlos Báez, investigador del IEO-CSIC y primer autor del estudio. « Sin esa cooperación, este tipo de registros excepcionales sería imposible de conocer y contextualizar científicamente». Lejos de limitarse a describir un único episodio, el equipo investigador analizó este hallazgo dentro de un marco histórico amplio. Para ello, revisó registros documentados y evidencias indirectas desde 1862 hasta 2023, incluyendo observaciones directas, capturas incidentales y señales de depredación, como las marcas de mordeduras encontradas en tortugas bobas . En total, se han recopilado al menos 62 de apariciones de tiburón blanco en aguas españolas, muchas de ellas concentradas en zonas como el entorno de las Islas Baleares. El estudio confirma que la especie mantiene una presencia persistente pero extremadamente infrecuente en el Mediterráneo español. «Con los datos disponibles no es posible afirmar que la población mediterránea esté recuperándose «, advierte Báez. De hecho, estudios recientes apuntan a descensos muy acusados en algunas regiones: entre 1980 y 2016, la abundancia de tiburones blancos en aguas baleares habría disminuido más de un 70%. En este contexto, cada nuevo registro adquiere una relevancia especial para la conversación. El hecho de que el ejemplar documentado sea juvenil añade un interés científico adicional. Los registros de individuos jóvenes de tiburón blanco son excepcionalmente escasos en todo el Mediterráneo, donde tradicionalmente se han propuesto áreas de cría en el estrecho de Sicilia, el golfo de Gabès o, más recientemente, en el mar Egeo. La presencia de un juvenil en aguas españolas plantea la duda de si se trata de un individuo nacido en el Mediterráneo central que ha migrado hacia el oeste, o si bien podría existir una zona de cría más cercana a nuestras costas. El estudio también detecta una coincidencia temporal significativa: muchas de las observaciones de tiburón blanco en el Mediterráneo occidental se producen durante la migración primaveral y estival del atún rojo del Atlántico. Esta superposición sugiere que la disponibilidad de presas podría influir en los movimientos del depredador, reforzando la idea de que las aguas españolas actúan como un corredor migratorio más que como un área de residencia permanente. Pese a su fama, los investigadores recuerdan que los incidentes con personas en aguas españolas han sido extraordinariamente raros a lo largo de más de 160 años de registros. Más allá del mito, el tiburón blanco desempeña un papel ecológico clave como superdepredador, contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas marinos. Con la especie catalogada como Vulnerable por la UICN, el estudio subraya la necesidad de reforzar los programas de seguimiento a largo plazo , combinando observaciones directas, genética, ADN ambiental y telemetría. Solo así será posible comprender mejor la biología y los movimientos de uno de los habitantes más esquivos —y necesarios— del Mediterráneo.