ChatGPT como «examinador»: tres formas de estudiar mejor sin hacer trampas

La escena se repite cada vez con más frecuencia: estudiantes que preparan un examen con el móvil abierto, pero no para copiar ni para buscar un resumen rápido. Lo utilizan para responder preguntas, enfrentarse a simulacros o revisar un texto que ya han escrito. En lugar de pedirle a la inteligencia artificial que haga el trabajo, le piden que les ponga a prueba . La irrupción de herramientas como ChatGPT en el ámbito educativo ha generado preocupación por el aumento del plagio y la pérdida de cultura del esfuerzo. Sin embargo, el debate no se agota en la prohibición. También está emergiendo otro enfoque: utilizar la IA como apoyo para estudiar mejor, no para sustituir el estudio. Una de las fórmulas más eficaces consiste en convertirla en simulador de examen oral . El estudiante puede plantear una instrucción clara: «Actúa como profesor de Historia de 4º de ESO. Hazme preguntas sobre la Revolución Francesa, una por una. Después de cada respuesta mía, señala errores y profundiza». De este modo, la herramienta no ofrece directamente la información, sino que exige recuperarla de la memoria y organizarla. Es un ejercicio activo que obliga a explicar, argumentar y corregir fallos, habilidades clave en cualquier evaluación. Otra posibilidad es utilizar la inteligencia artificial como corrector, pero sin delegar la redacción. El procedimiento es sencillo: el alumno escribe primero su comentario de texto, redacción o trabajo práctico y, solo después, solicita una revisión concreta. Por ejemplo: «No reescribas el texto. Indica errores de contenido, problemas de coherencia y puntos débiles en la argumentación». La diferencia es sustancial. La autoría se mantiene y el proceso de aprendizaje no se sustituy e; simplemente se añade una capa de retroalimentación inmediata que permite mejorar antes de la entrega final. También se está extendiendo el uso de la IA para generar exámenes personalizados. Pedirle que elabore un modelo similar al de la EBAU, con preguntas de teoría y ejercicios prácticos, permite entrenar el tipo de razonamiento que se exigirá en la prueba real. Si el nivel resulta demasiado básico o excesivamente complejo, puede ajustarse. La práctica se multiplica sin necesidad de recurrir únicamente al libro de texto. Estos usos comparten un elemento común: la herramienta no piensa por el estudiante, sino que le obliga a pensar . La eficacia depende de que exista un trabajo previo y una intención clara de aprender. Cuando la IA se emplea como examinador, corrector o generador de ejercicios, funciona como un entorno de entrenamiento. Cuando se utiliza para producir directamente el resultado final, el aprendizaje se diluye. La discusión sobre la inteligencia artificial en la educación no es solo tecnológica, sino formativa . Las herramientas están disponibles y seguirán evolucionando. El reto consiste en enseñar a utilizarlas con criterio, integrándolas en el proceso de estudio sin vaciarlo de contenido. En este contexto, ChatGPT puede convertirse en un aliado inesperado. No como atajo para aprobar, sino como instrumento para practicar más, detectar errores y afianzar conocimientos. La diferencia, en última instancia, no la marca el algoritmo, sino el uso que se haga de él.