El programa Erasmus Rural, impulsado por el Gobierno de La Rioja y la Universidad de La Rioja, se ha convertido en una herramienta clave para fijar talento joven y combatir la despoblación en la región. Aunque muchas prácticas se realizan en verano, el programa se extiende al curso escolar para grados como Educación Infantil y Primaria. Este curso, 1.400 alumnos riojanos asisten a clase en uno de los 11 Centros Rurales Agrupados (CRA) de la comunidad, que además han incorporado a 25 nuevos docentes. Uno de los protagonistas de esta iniciativa es Josu, un estudiante de 22 años del grado de Educación Primaria que realiza sus prácticas en el colegio de Briones. Su mayor "inquietud", como la de muchos, era enfrentarse a aulas con distintos niveles juntos. Originario de Treviño, su curiosidad por vivir la experiencia desde "la perspectiva del profesor" le animó a participar, una decisión de la que ahora se muestra "muy a gusto". Pese a los desafíos iniciales, Josu ha descubierto un sistema "muy organizado, muy pautado" donde el trabajo se hace "bastante fácil". En su centro, que cuenta con solo 30 alumnos, los cursos de primaria se agrupan de tres en tres. Esta cercanía, afirma, le ha permitido aprender mucho más que en un centro convencional, ya que "en cualquier otro centro de Logroño, la teoría se puede acercar un poco más a la práctica, pero en el entorno rural considero que aprendes muchas más cosas". La experiencia de los estudiantes se complementa con la visión de los maestros. Leire Ortiz, recién incorporada como maestra al CRA Entre Valles, eligió este destino en sus primeras opciones y se muestra "muy contenta". Destaca la oportunidad de trabajar desde una perspectiva multinivel y la fuerte implicación de las familias. Para Ortiz, en la docencia rural "trabajas más con el entorno que dentro del aula", lo que supone "entender la docencia desde una perspectiva, pues, muy globalizada, que abarca todos los aspectos de los niños". A esta nueva generación se suma la voz de la experiencia, como la de Mercedes Garijo, maestra en el CRA Alhama. Garijo subraya el trato cercano con las familias y la baja ratio de alumnos, que ha llegado a ser de siete alumnos por clase. "Somos el punto de referencia a nivel familiar, mucho más cercano y compartido que lo que puede ser en una gran ciudad", afirma, y sentencia que este modelo educativo es, precisamente, "lo que mantiene y da vida a estos pueblos". El impacto del programa trasciende el ámbito educativo, ya que una de sus características es que los estudiantes deben vivir en el pueblo para integrarse y darle vida. Álvaro Nombela, estudiante de química que realizó sus prácticas en una cantera de Leza de Rioja, lo confirma. Según su experiencia, la llegada de jóvenes "favorece enormemente a que haya un poco de movimiento en estos pueblos y que se aviven un poco". Para Nombela, estas becas facilitan que las localidades rurales "puedan un poco ir saliendo, por así decirlo, del abandono".