Las prioridades en el mundo laboral han cambiado. Si la generación X valoraba la estabilidad por encima de todo, los millennials comenzaron a buscar un propósito y, ahora, la generación Z exige flexibilidad, tiempo libre y conciliación. Esta convivencia de distintas expectativas está redefiniendo las relaciones dentro de las empresas y el propio concepto del éxito profesional. Para analizar este fenómeno, el programa Herrera en COPE Gran Canaria ha reunido al joven empresario Javier Bordón y al psicólogo organizacional Raúl Amador, experto en liderazgo. Ambos expertos han desgranado las claves de un mercado laboral en plena transformación, donde atraer y motivar al talento se ha convertido en el principal desafío. El empresario Javier Bordón destaca que uno de los mayores choques culturales se da entre la mentalidad 'analógica' y la 'digital'. Mientras la primera a menudo asocia el compromiso con 'calentar la silla', las nuevas generaciones se centran en la productividad real. "Deberíamos trabajar todos más por objetivos y menos por horas", afirma Bordón, quien defiende que el foco debe estar en la resolución de problemas y no en el tiempo presencial. Según Bordón, para las empresas tradicionales, la adaptación pasa por un cambio de mentalidad en el liderazgo, empezando por "querer cambiarlo". Su consejo para los empresarios de mayor edad es "ser humilde todo el tiempo y tratar de aprender constantemente", como única vía para que la empresa sobreviva y la gestión del talento sea más sencilla. Por su parte, el psicólogo Raúl Amador desmiente la idea de que "las nuevas generaciones quieran trabajar menos". Lo que ocurre, explica, es que se acercan al trabajo con otros valores, buscando "más allá de un contrato laboral". Este nuevo enfoque se conoce en psicología como el 'contrato psicológico': el trabajador espera integrarse en un proyecto donde pueda desarrollarse y crecer. Este déficit de compromiso es, según el experto, una de las causas directas del alto absentismo laboral en menores de 30 años. Amador cita un estudio internacional que revela una alarmante falta de conexión: "Solo el 17% de la población trabajadora se siente verdaderamente comprometido con lo que hace, con su puesto y con su empresa". El problema no es la falta de esfuerzo, sino la falta de un proyecto motivador. La elevada rotación es una consecuencia directa de esta desconexión. Amador subraya que los jóvenes "no se ven trabajando con una empresa donde ellos no puedan aportar y que las empresas, pues tampoco les aporten, en el sentido que ellos se sientan estancados". Esta situación, acelerada por el shock que supuso la pandemia, ha puesto de manifiesto que el talento ya no permanece donde no se siente valorado. La solución, apunta el psicólogo, pasa por 'humanizar los ambientes de trabajo'. Las empresas que quieran evitar el conflicto generacional y retener el talento deben empezar por crear 'organizaciones saludables' que cuiden el bienestar psicológico de sus equipos. Esto implica, concluye Amador, mejorar la comunicación interna y "entrenar más a los líderes en fomentar el trabajo en equipo", una competencia cada vez más demandada pero escasa.