La historia de UECOX comienza cuando el silencio de un hijo se convierte en una lucha. Así lo relata María Eugenia Búrdalo, su fundadora, quien desde hace siete años es la 'traductora' de su hijo Marcos, que tiene una discapacidad auditiva y no ha desarrollado el lenguaje. Esta madre agricultora ha creado una empresa en Extremadura para transmitir un mensaje de lucha por la diversidad y la inclusión. Búrdalo denuncia las dificultades que ha enfrentado por vivir en el medio rural. Se vio obligada a mudarse para estar más cerca de Cáceres, buscando recursos como logopedia y terapia ocupacional para su hijo. "Los colegios rurales no están todos adaptados para niños con necesidades", lamenta, señalando la falta de especialistas como Audición y Lenguaje (AL) o Pedagogía Terapéutica (PT). Incluso en un colegio público ordinario de Cáceres, las necesidades de Marcos no están cubiertas por completo. Aunque cuenta con un cuidador compartido con otros seis niños, María Eugenia subraya la necesidad de una persona de apoyo dentro del aula para garantizar la atención individualizada que su hijo requiere para avanzar y estar seguro. Desde el sistema educativo le han propuesto trasladar a Marcos a un colegio de educación especial, una opción que ella rechaza frontalmente. "No es apartarlos, creo que es incluirlos, la misma palabra de inclusión lo dice", afirma con rotundidad. De hecho, se ha planteado mudarse a otra comunidad autónoma para buscar un centro que le ofrezca todos los recursos, pues no exige resultados, pero sí "el esfuerzo para poder conseguir esos resultados". Esta situación pone de manifiesto una brecha en la igualdad de condiciones. "Un niño de una ciudad tiene más oportunidades", sostiene Búrdalo, quien cuestiona por qué los centros educativos rurales no reciben los recursos necesarios para garantizar una educación inclusiva real. La empresa de María Eugenia, UECOX, es una granja de gallinas camperas que va más allá de la venta de un producto. Parte de sus beneficios se destinan a ayudar a mujeres rurales con hijos con necesidades a través de la asociación FADEMUR, con el objetivo de ofrecer "ese respiro, esa mano tendida de que no estamos solas". Su motivación nace de una experiencia personal muy dolorosa, tras una de las cuatro operaciones de su hijo que tuvo graves complicaciones. "Ahí me di cuenta que no podía cambiarlo a él, había que luchar por cambiar el mundo para él y para todos los niños y niñas y personas adultas con discapacidad", explica. Su lucha, asegura, "está armada a través de la conciencia, de la sonrisa y de las miradas valientes". Como un paso más en este camino, la página web de la empresa se está desarrollando para ser totalmente inclusiva. En colaboración con ASPACI, la web contará con lengua de signos, lectura fácil y será leída por personas adultas con diferentes discapacidades para que "se sientan incluidos y sepan que hay una voz que los escucha".