La huelga ferroviaria divide a los sindicatos y siembra el desconcierto en Zaragoza con retrasos de hasta dos horas

La huelga ferroviaria que afecta a todo el país continúa generando notables afecciones este martes a pesar del acuerdo alcanzado a última hora del lunes entre el Ministerio de Transportes y los sindicatos mayoritarios (SEMAF, UGT y Comisiones Obreras). La decisión de CGT y el Sindicato Ferroviario de mantener los paros ha provocado una jornada de desconcierto en puntos clave como la estación de Delicias de Zaragoza, donde, aunque la situación es más calmada que el caos del día anterior, los retrasos y la incertidumbre siguen siendo la tónica dominante para miles de viajeros. Si bien los paneles informativos de la estación zaragozana no reflejaban trenes suspendidos a primera hora de la mañana, sí mostraban retrasos de entre 5 y 50 minutos en las salidas, principalmente con destino a Madrid. La peor parte se la llevaban las llegadas, con demoras que han alcanzado las dos horas en convoyes como el procedente de Tarragona. Este escenario, aunque mejor que el del lunes —cuando las cancelaciones y los retrasos superaban las dos horas de forma generalizada—, ha mantenido a los pasajeros en un estado de nerviosismo y confusión. Muchos viajeros se han visto obligados a cambiar sus planes sobre la marcha, como explicaba una pasajera afectada: "Esta mañana a las 8:37 me ha llegado un correo diciendo que mi tren a las 10 de la mañana ha sido de los afectados por la huelga y que me reubican en uno que sale de Atocha a las 8:57". Su preocupación era evidente, ya que el cambio alteraba su enlace con un vuelo en Barcelona. "A ver qué pasa, al menos me reubican", señalaba con resignación mientras se dirigía a los mostradores de atención al cliente. La falta de información clara ha sido la queja más repetida en los pasillos de la estación. "Si tú sabes que tu tren al final va a llegar tarde o no va a llegar, bueno, te puedes buscar otras alternativas, si no, no tienes opción", lamentaba una viajera. Este sentimiento era compartido por otros usuarios que, como Andrea, han visto sus planes truncados durante dos días seguidos. "Viajo hacia Madrid, y sí, mi tren está afectado por retrasos, tiene 15 minutos de retraso, y ayer me cancelaron también un tren, tenía clase en la universidad y prácticas, y no pude ir", relataba. El acuerdo que ha permitido desconvocar gran parte de la huelga contempla un importante incremento del gasto en mantenimiento de las infraestructuras. Según las cifras del compromiso, la inversión en Adif y Adif Alta Velocidad pasará de los 435,6 millones de euros del año pasado a 629 millones en 2030, un aumento del 44 %. Asimismo, el gasto en mantenimiento de Adif crecerá progresivamente desde los 665,5 millones previstos para 2025 hasta alcanzar los 1.179 millones en 2030, lo que supone un 77 % más. Para este mismo año, la inversión ya ascenderá a 861,1 millones. Pese a estas cifras y a la promesa de crear 3.650 empleos, los sindicatos minoritarios no han considerado suficiente la propuesta del Gobierno y mantienen la protesta. Para los viajeros, la noticia del acuerdo ha sido recibida con un optimismo cauto. "A mí me parece muy bien, lo que hace falta es que les arreglen precisamente el tema que solicitan", comentaba un pasajero en la estación, esperanzado en que la normalidad vuelva pronto al servicio. Detrás de las protestas y el malestar de los usuarios subyace una creciente preocupación por la seguridad, avivada por los recientes accidentes mortales de Adamuz y Lleida. Esta inquietud se refleja en las palabras de los viajeros, que se debaten entre la necesidad de desplazarse y el temor a nuevos incidentes. La fiabilidad del servicio, marcada por retrasos habituales incluso antes de estos sucesos, ha erosionado la confianza de los pasajeros. Esta sensación de vulnerabilidad la resume una usuaria con crudeza: "Sí, la verdad es que da miedo, pues si vuelve a pasar o lo que sea, pero es que no tenemos otra cosa para ir". Muchos, como ella, reconocen que "no hay más opciones a veces" y se ven obligados a subirse al tren a pesar de la desconfianza. Mientras una parte del conflicto laboral parece resuelta, los viajeros esperan que el fin definitivo de los paros traiga consigo no solo puntualidad, sino también la certeza de un viaje seguro.