El misterio de los continentes: Alfred López desvela por qué se llaman así Europa, América o Asia

Los nombres que designan a los continentes que habitamos son tan comunes en nuestro día a día que pocas veces nos detenemos a pensar en su procedencia. Sin embargo, detrás de cada uno de ellos se esconde una historia fascinante, un relato que nos transporta a través de la mitología, las exploraciones y las antiguas concepciones del mundo. El divulgador cultural Alfred López, autor de la conocida saga de libros sobre curiosidades "ya está el listo que todo lo sabe", ha arrojado luz sobre este tema en el programa “Herrera en COPE Cataluña”, presentado por José Miguel Cruz. López ha explicado que "los nombres de los continentes tienen orígenes diversos, ligados a mitologías, exploraciones y términos geográficos antiguos". El nombre de Europa, por ejemplo, está directamente extraído de la mitología griega. Proviene de Europa, una princesa fenicia de extraordinaria belleza que fue raptada por el mismísimo Zeus, el padre de los dioses. Según el mito, Zeus se transformó en un imponente toro blanco para seducir a la joven y, una vez que se ganó su confianza, la llevó sobre su lomo hasta la isla de Creta. En su honor, los griegos comenzaron a llamar a aquellas tierras con su nombre, un legado que ha perdurado a través de los milenios y que hoy da nombre a todo un continente. Es una muestra de cómo las leyendas antiguas dieron forma a nuestra percepción del mundo. Por su parte, el origen de Asia está ligado a la geografía y a la observación de los astros. Alfred López explica que el término deriva posiblemente de la palabra acadia "asu", que significaba "salida del sol" o "este". Para las antiguas civilizaciones del Mediterráneo, el sol aparecía cada mañana por el este, la vasta región que hoy conocemos como Asia. De este modo, el nombre del continente se convirtió en una referencia directa al amanecer, al lugar donde nace el día. Esta explicación etimológica refleja la importancia de los puntos cardinales en la cosmovisión de las culturas que nos precedieron. El caso de África es más complejo y existen varias teorías. La que cobra más fuerza, según apunta el divulgador, proviene del término fenicio "aphrique", que se traduciría como "sin frío". Esta denominación podría hacer alusión a las cálidas temperaturas del continente. No obstante, López señala que "también se barajan raíces latinas y bereberes, pero la mayoría de los etimólogos dicen que provendría del fenicio". Esta diversidad de hipótesis demuestra la riqueza y la complejidad de las interacciones culturales en el mundo antiguo, donde fenicios, romanos y bereberes dejaron su huella en la toponimia. El nombre de América es, quizás, uno de los más conocidos y un homenaje a una corrección histórica. Como bien recuerda Alfred López, debe su nombre al explorador y cartógrafo florentino Américo Vespucio. Aunque fue Cristóbal Colón quien llegó primero al continente en 1492, siempre creyó haber alcanzado las Indias. Fue Vespucio quien, años más tarde, "propuso que las tierras descubiertas no eran Asia, sino que era el nuevo continente". En reconocimiento a su revolucionaria idea, el cartógrafo alemán Martin Waldseemüller bautizó en 1507 el continente como "América" en su honor, consolidando para siempre el legado del explorador que comprendió la verdadera dimensión del hallazgo. El origen de Oceanía también se inspira en la mitología griega, concretamente en Océano (Okeanos), el titán que personificaba el inmenso cuerpo de agua que, según los griegos, rodeaba todo el mundo conocido. Este "río-océano" era la fuente de todas las aguas del planeta. Por ello, no es de extrañar que se eligiera su nombre para bautizar a un continente formado por miles de islas dispersas en el vasto Océano Pacífico, una masa de agua que define por completo su geografía y su identidad cultural. Finalmente, la Antártida posee el nombre más lógico y descriptivo de todos. Su etimología es puramente geográfica y proviene del griego "antarktikos", que significa literalmente "opuesto al Ártico". Esta denominación refleja su posición en el polo opuesto al Ártico, en el extremo sur del planeta. Curiosamente, como se comentó en la entrevista, la Antártida no siempre fue considerada un continente en los planes de estudio. Su inclusión como el sexto continente es relativamente reciente, lo que demuestra, como concluye López, que "estos nombres reflejan cómo el conocimiento geográfico fue ampliándose a medida que avanzaban las exploraciones y los contactos culturales".