Córdoba se blinda contra el ictus y el infarto con una red pionera de farmacias

En la lucha contra una emergencia cardíaca o un ictus, cada segundo cuenta. Una actuación rápida no solo salva vidas, sino que también es crucial para reducir secuelas graves en el corazón y el cerebro. Bajo esta premisa, Córdoba se ha convertido en la primera ciudad de España cardio y neuroprotegida gracias a un proyecto pionero que transforma su red de farmacias en la primera línea de respuesta sanitaria. La iniciativa, impulsada por el Colegio de Farmacéuticos de Córdoba, ha contado con la colaboración del Ayuntamiento, la Junta de Andalucía y la Sociedad Española de Medicina General y de Familia (SEMG). La elección de las farmacias como epicentro de esta estrategia no es casual. Como explica Rafael Ángel Castro, vicepresidente de la SEMG, se trata de procesos tiempodependientes donde "estamos jugando con la vida del paciente. Si actuamos de manera rápida, aumentamos la supervivencia de los mismos". Las farmacias son "el sitio más cercano en nuestro barrio, con más horas dispuestas, y está conformada por personal sanitario", lo que las convierte en un eslabón fundamental en la cadena de supervivencia. Este proyecto sitúa a Córdoba como la primera ciudad del país en ser cardio y neuroprotegida, un matiz importante, ya que existían experiencias previas de ciudades cardioprotegidas, pero ninguna que abordara de forma conjunta la respuesta ante el ictus. El objetivo es seguir trabajando para que la red crezca y cubra la totalidad de la ciudad. Para Rafael Casaño, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Córdoba, ver el proyecto hecho realidad es un "orgullo", fruto de la unión de "muchas voluntades con un fin común, que es salvar vidas". Para garantizar la efectividad de la red, los farmacéuticos participantes reciben una formación especializada y acreditada por SEMES Andalucía bajo el paraguas del European Resuscitation Council. Según detalla Rafael Ángel Castro, el curso abarca desde el soporte vital básico y el manejo del desfibrilador externo automático (DEA) hasta la aplicación de una escala específica para detectar los síntomas de un ictus y saber cómo transmitir la información clave al 061. La iniciativa arranca con la adquisición de 47 desfibriladores, una inversión posible gracias a la colaboración del consistorio. Ya se han sumado 46 farmacias, repartidas estratégicamente por la ciudad para garantizar que la población tenga "acceso a un desfibrilador en menos de 3 minutos", señala Rafael Casaño. Aunque la participación es voluntaria, la meta es ambiciosa: "Pronto serán las 405 farmacias las que tengan el desfibrilador", asegura el presidente de los farmacéuticos. El Ayuntamiento de Córdoba ha aportado cerca de 45.000 euros para la compra del material. El alcalde, José María Bellido, califica esta cifra como "un esfuerzo pequeño" para el consistorio, pero "una inversión muy importante que el día de mañana nos vamos a alegrar, porque va a salvar vidas". Bellido subraya que detrás de los números habrá "personas con nombres y apellidos a las que se les va a salvar la vida". El proyecto no solo mira al presente, sino también al futuro. El alcalde Bellido ha manifestado la disposición del Ayuntamiento para seguir ampliando la red, ya sea en más oficinas de farmacia o extendiéndola a transportes públicos como taxis o autobuses. "Nosotros lo que aportamos es la logística y la infraestructura, y, por supuesto, abiertos a seguir creciendo", ha afirmado. Adolfo Molina, delegado de la Junta en Córdoba, se ha mostrado convencido de que la iniciativa se consolidará como un caso de éxito que podrá ser replicado en otras provincias andaluzas. "Las cosas que funcionan hay que copiarlas y llevarlas al resto de provincias", ha sentenciado. Molina recordó que Córdoba ya fue pionera con el modelo de cribado de cáncer de colon del Hospital Reina Sofía, que se exportó a toda Andalucía, y vaticina que este proyecto seguirá el mismo camino. Con esta alianza, Córdoba no solo refuerza su liderazgo en el ámbito de la salud, sino que da un paso de gigante para mejorar la supervivencia y, sobre todo, la calidad de vida de sus ciudadanos tras un evento cardiovascular. Como concluye Rafael Ángel Castro, el fin último es aumentar la baja tasa de supervivencia que hay en España y conseguir que "el paciente quede sin secuelas, quede íntegro para hacer su vida normal".