Hacer testamento sigue siendo, para muchas personas, un asunto pendiente. A pesar de que es un trámite sencillo, económico y extremadamente útil para evitar conflictos familiares y asegurar que se cumplan nuestras voluntades, la realidad es que una parte muy importante de la población fallece cada año sin haber dejado testamento. Las consecuencias legales y personales de esta omisión pueden ser graves: disputas entre herederos, largos procesos judiciales y reparto de bienes contrario a los deseos del fallecido.