"El Espanyol meaba sangre sobre el campo en la primera vuelta". Un alto cargo deportivo de Primera definía así al equipo de Manolo González hasta que el parón navideño y el bajón del derbi cortaron la mayonesa del equipo, metiéndoles el miedo en el cuerpo a los jugadores, al menos el sufrimiento en la cara de un Espanyol que acumula cuatro derrotas seguidas, un punto sumado de los 18 últimos en juego. La sexta plaza se mantiene. El colchón y la confianza, no tanto. Esta plantilla, escrito está aquí, no tiene el valor de los 34 puntos que logró en la primera vuelta. Tiene el honor de haberlos conseguidos, que nadie se lo va a quitar, pero el fútbol suele poner a cada uno en su sitio. Bajar el pistón de la intensidad conlleva que el Villarreal remate dos veces en el área pequeña para hacer el primero, recupere el balón en el suelo para el segundo y que se concedan dos contragolpes de manual en casa del rival que mejor transiciones hace de la Liga. La suerte no cambia por casualidad, Dmitrovic parece transparente, Milla ya no llega el primero a la presión, Expósito no tiene el mismo pie, ni Urko está clarividente, Dolan acumula 1.500 minutos sin ni un solo gol, Cabrera no es infalible, Calero está cansado y su relevo es peor, y los laterales derecha están para ir al banquillo y en la izquierda si no juega Romero el nivel baja una barbaridad. Aquí está el resumen en unas cuantas subordinadas... y sí, señores Ezkurra y Garagarza, la plantilla que llegó a los 34 puntos (y ahí se mantiene) se podía mejorar. Y no solo con Ngonge al que, por cierto, dan ganas de verle de inicio desde este mismo sábado. De los llegados nuevos en verano: Riedel está verde, Salinas tiene nivel de Segunda, así como Miguel Rubio. Estos dos últimos fueron atados por decisión de la dirección deportiva cuatro meses antes del final de la pasada temporada con el Espanyol con clara tendencia a descender. Destacaban en La Liga Hypermotion y quedaban libres en Elche y Granada, respectivamente. El entrenador tiene que encontrar la manera de reorientar su idea, reconfortar de nuevo a los futbolistas para que vuelvan a creer en ellos mismo. Solo así se pueden ganar puntos en la Liga para que alcanzar los 42 no sea un dolor de muelas interminable. El Celta será el primer escollo. El primer paso para la reacción se produjo anoche con la autocrítica sincera y bien comunicada por parte de capitanes como Pol Lozano y Lele Cabrera así como del propio técnico espanyolista. Repasen los fichajes del verano, recuerden los 34 puntos alcanzados hasta la fecha, y sin Joan García, ni Kumbulla ni Puado... Y agradezcan los puntos de diciembre, el gran arranque y el colchón que poco a poco se va perdiendo. Que para eso está. Quince jornadas quedan para el final del campeonato. Sextos. Es el momento para que la afición le dé al vestuario el espaldarazo que necesita y, una vez se recupere el rumbo y se alcance la permanencia, que cada uno saque sus propios conclusiones de lo extraordinario de esta campaña.. que todavía no ha terminado.