Elena Rivera nació para ser una estrella porque incluso cuando no sabía qué era interpretar ya «sentaba a toda su familia en el salón y hacía el show» en casa. Luego, con seis años, terminó «arrastrando a sus padres» a la televisión, donde cantó con David Civera, Raúl, Tamara, Carlos Baute o Malú y participó en programas musicales de Antena 3 hasta gastar las ocurrencias de los directivos para continuar explotando el fenómeno de las futuras promesas: 'Menudas estrellas', 'Noche de estrellas', 'Jóvenes estrellas', 'Se busca una estrella'... «Disfrutaba muchísimo, me hacía tanta ilusión lo de ir y vestirme con esos looks de artistas, cantar… me ponía tan nerviosa cada vez que llamaban a casa del programa para avisarnos de cuándo era el siguiente día de grabaciones. Para mí era un juego, era ir a jugar», cuenta a ABC la actriz, que iba y venía en tren desde Zaragoza, maña de cuna, a los platós, donde admite que ella gozaba pero sus «padres pasaban una vergüenza enorme». Siempre la apoyaron, pero también le insistieron en que solo «era un juego». «En el momento en que no te diviertas y sufras, nos vamos», cuenta ella que le decían. Y, confiesa, nunca se cansó de jugar, que es como entiende este oficio. «Ahora es un juego que me tomo en serio». La clave, siempre, fue ir «paso a paso, despacio, tranquilamente», pegarse a su «entorno» para despejarse de la fantasía, esforzarse por ser «normal», a pesar de haber crecido en un «mundo más especial», delante de millones de espectadores. Incluso cuando pasó de cantar en los concursos infantiles a ser Karina en 'Cuéntame cómo pasó' , se tomó el espectáculo, la serie, como «un hobby, una clase extraescolar. Unos tenían fútbol o baile, yo venía a Madrid a rodar». «En cuanto terminaba de grabar iba literalmente corriendo por la estación para coger el primer tren que se pudiese para no perder nada de clase. Compaginaba el rodaje con los estudios, los exámenes. iba siempre con los libros para aquí y para allá», recuerda. De hecho, reconoce, alguna vez ya de mayores los que formaron el grupo de niños, Ricardo Gómez, Santi Crespo, Manuel Dios y ella hablaban de «que era una suerte cómo estaban encima, cómo organizaban desde producción el plan de rodaje para que no faltáramos a clase»… Aunque lo que más le marcó, admite, fue la alegría de una de las veteranas de la serie, María Galiana , cuando se enteró de que estaba compaginando el rodaje de 'Cuéntame' con la carrera de Magisterio. «Ella venía de haber sido maestra y siempre estaba muy pendiente de mí, me preguntaba mucho y se ponía muy contenta de ver que para mí había mundo más allá, de que había otras formas de conocer la vida, de que se podía salir de la burbuja», asegura Elena Rivera. Ya con 33 años, y a punto de estrenar en Antena 3 la serie 'Perdiendo el juicio' (en Atresplayer fue un éxito, ahora se verá en abierto a partir del 12 de febrero) , un procedimental en el que interpreta a una especie de Ally McBeal castiza y con TOC, Elena Rivera sigue divirtiéndose y aprendiendo como hacía de pequeña al salir de detrás de la cortina de humo, consciente, ya sí, de que lo que antes era una afición ahora es lo que le da de comer todos los meses. «Es verdad que llevo ya muchos años. Para mí es una carrera de fondo y un trabajo de estar ahí», dice, como dándose cuenta de repente de su trayectoria, larguísima para alguien de su edad. A Elena Rivera la hemos visto crecer robándole el corazón al Carlitos de 'Cuéntame cómo pasó' y madurar, e incluso sufrir, en series como 'Servir y proteger', 'Inés del alma mía', 'La verdad', 'Sequía' o 'Los herederos de la tierra'. Ha hecho sus pinitos sobre las tablas, «creciendo como actriz» y girando por toda España con Aitana Sánchez-Gijón o participando en la adaptación teatral de la creadora de 'Succession'. Ha conocido la parte buena de la profesión, se considera una «afortunada», aunque admite «que hay momentos duros, de muchos esfuerzo y sacrificios». «El éxito y el fracaso se gestionan relativizando uno y otro [...] A veces muchos problemas vienen de la frustración que supone creerte algo que no eres, o querer algo que no terminas de conseguir. A mí me han enseñado que en la vida es mejor ir pisando seguro que pisando rápido. Hacer ruido a corto plazo sí te pone el foco muy encima, pero a la larga para mí el ruido es molesto. He crecido con esto, y te das cuenta de que muchos premios son importantes, que te dan reconocimiento en el sector, pero luego terminan también cogiendo polvo ahí en la estantería. No hay mejor premio que seguir teniendo curro »,reconoce la intérprete. Sabe, además, que en cualquier momento la estrella se puede gastar como se gastaban los títulos de los concursos infantiles (llegó a participar en 'Se busca una estrella Vol. I' y 'Vol. II'), por eso aprovecha cada día disfrutando como solía hacer de niña, saliendo a jugar. «Yo nunca he buscado la fama, suelo hacer bien mi trabajo, disfrutar delante de una cámara o encima de un escenario, y no sé, es algo muy simple, creo que ahí radica el secreto para mí». Quizás la fórmula mágica de la vida, de triunfar, sea un poco esa, no buscar el éxito sino trabajar mucho y, si llega, aprovecharlo.