Hijo y nieto de anticuarios, 'mamó' desde muy pequeño el amor por el arte y el patrimonio histórico. Sus padres, como todos los que se dedicaban a ello en aquella época, «En aquel entonces, en España, solo había anticuarios generalistas. Ellos compraban y vendían de todo: muebles, plata, artes decorativas...». Él ya «limpiaba» tallas góticas antes de los 10 años. Era una época en la que «había mercado. Se compraba mucho en las iglesias». Su niñez y adolescencia, dio pie a que Pedro Ramón Jiménez supiera rápidamente a qué quería dedicarse, pasión que contagió a su mujer María Elizari: «Tuvimos claro que nos queríamos dedicar a la pintura y escultura y fuimos decantándonos por determinadas épocas». Sus estudios les llevaron al País Vasco, una época en la que comenzaron a visitar la capital burgalesa, su Catedral, la Cartuja de Miraflores... Desde entonces, «la habremos visto entre treinta y cincuenta veces», cuenta el anticuario al otro lado del teléfono, recordando que fue allí donde conocieron más a fondo la obra de Gil de Siloé, una «joya» de artista que «hizo un producto único en Europa con una calidad excepcional». Natural de Amberes, desarrolló su actividad artística principalmente en Castilla y es el autor al que está atribuida la talla robada en 1979 en la localidad palentina de Astudillo y que la pasada semana volvió a su lugar de origen. Un 'logro' detrás del cual está el citado matrimonio de anticuarios, cuya popularidad crece estos días porque a tal hazaña se suma que son los padres de Iker Jiménez, conductor del programa de televisión 'Cuarto Milenio': «No me permito que me quiten el foco», bromeaba hace un día este al respecto. Fue su minuciosa tarea de prospección sobre lo que sucede en el mercado del arte lo que les llevó a tal hallazgo, sostiene el propietario de la madrileña galería Theokópoulos de Madrid. En esa investigación dieron con una talla que los italianos que tenían clasificado como «alemana», «de autor desconocido» y «del siglo XV», que además habían considerado «inexportable», explica el matrimonio, detallando que su salida a subasta fue por un precio bastante irrisorio -entre 8.000 y 10.000 euros- si se tiene en cuenta que en 2016 el Museo Louvre pagó en una subasta por una Santa Cecilia de alabastro atribuida al mismo artista 3,5 millones de euros. Localizada la talla, quisieron profundizar sobre su autoría, lo que abrió un debate en el seno del matrimonio: «Ella -por María- se empeñaba en que Gil de Siloé era el autor de la talla», mientras Pedro Ramón Jiménez optaba porque la obra había intervenido también el taller del artista, «que generalmente en lo que se nota es que baja un poco la calidad». Lo que sí que enseguida tuvo «claro» el matrimonio es que se trataba de una pieza que había sido «robada», así que se pusieron en contacto con la Guardia Civil, y el resto ya es historia conocida. El anticuario insiste en que desde el principio sabían del valor que podía alcanzar la pieza en el mercado y no dudaron en ningún momento en actuar de buena fe: «Es lo que me enseñó mi padre y mi abuelo». Ya 'in situ', hace unos días en Palencia, Pedro Ramón Jiménez se dio cuenta de que su mujer tenía razón y no duda en atribuir su autoría directamente a Gil de Siloé: «Es realmente excepcional». Estar en la presentación en la Diócesis de Palencia -de momento se mantendrá en el Museo Diocesano hasta que Astudillo cuente con los medios necesarios para protegerla- ha supuesto para el matrimonio «mucha emoción». «En el acto me imaginé que allí estaban mi padre y mi abuelo muy contentos. Es algo que nos enorgullece... Estuvimos feliz de verla, fotografiarnos con ella». Destaca el matrimonio que ellos viven «de pequeños, medianos y grandes hallazgos» y que durante toda su vida profesional se han volcado en su «pasión». Por el momento se «La habre-igual que los años posteriores- en las que época de estudiant partir de l lla