El mundo del fútbol catalán ha quedado conmocionado durante las últimas horas después de que Cristian Gómez presentara su dimisión irrevocable como entrenador del CE L'Hospitalet, equipo que milita en la Tercera RFEF. La drástica decisión llega después de que su padre fuera increpado por un grupo de aficionados en el propio estadio municipal. El suceso, que el propio técnico ha calificado como la gota que colma el vaso, se produjo en la grada durante el último encuentro. Este incidente ha sido el detonante para que Gómez ponga punto final a su etapa en el banquillo del club ribereño, una decisión motivada por principios personales y familiares por encima de lo deportivo. En un comunicado, el ya exentrenador ha sido tajante al explicar los motivos de su marcha. Gómez ha afirmado que "hay límites que no se pueden cruzar y ayer se cruzaron", dejando claro que la situación vivida por su familiar es una línea roja que no está dispuesto a tolerar. El técnico ha querido diferenciar la crítica deportiva de los ataques personales. Si bien entiende el descontento que puede generar la marcha del equipo, ha subrayado que el respeto hacia su familia es innegociable. Su mensaje ha resonado con fuerza en el entorno del club, que ahora se enfrenta a una crisis inesperada. Su postura ha quedado meridianamente clara en sus propias palabras, donde ha priorizado a sus seres queridos: "Esto es fútbol y lo entiendo, pero mi familia está por encima de todo". Esta declaración subraya el componente humano detrás de una decisión que sacude los cimientos deportivos de L'Hospitalet.