En los programas radiofónicos que mantenemos un grupo de prójimos más o menos próximos, sobre todo cuando son de temática abierta, que es lo que más le gusta al personal oyente (o, al menos, eso es lo que nos dicen por la calle y/o nos hacen llegar a través de la emisora), los comentarios a los que damos voz parecen como aquél antiguo juego de zagales: ¿verdad o mentira?, en el que tratábamos de ilustrarnos cuando los medios informativos ni eran medios, ni informaban de nada. Todo era monocolor… Hoy, al contrario, los medios son multitud, pero tan informativos como desinformativos – quizá más de lo segundo – y uno ha de formarse su propia opinión a través de la madeja que nos llega.