Febrero es el mes ideal para contemplar la floración de los almendros, uno de esos espectáculos naturales breves y delicados que anuncian el final del invierno. Durante apenas unas semanas, los campos se transforman en un mar de flores blancas y rosadas que convierten cualquier paseo en una experiencia casi primaveral. Muchos asocian esta imagen a destinos lejanos y mediáticos, pero lo cierto es que no hace falta viajar a Mallorca, Sicilia ni California para disfrutar de este paisaje tan efímero como espectacular.