Chinos infames

Todavía no existía la cosa esta de la gentrificación, ni el vicio de rotular los locales comerciales y de ocio con imbecilidades más o menos llamativas. Cogieron la calle de en medio, la de la descripción y el rigor, sin adornos, y le pusieron a su negocio Super Bazar. Ahí sigue el luminoso, en perpendicular, sobresaliente. Ya no lo encienden. Cuando abrieron aún se pagaba en pesetas, pero la inflación había dejado obsoleta la señalética fundacional de los 'Todo a cien' que una década antes popularizaron las tiendas de chinos. Veintisiete años llevan Lina y su marido en un establecimiento que cierran en marzo y cuyas baldas vacían con descuentos que van del 30 al 50 por ciento. Se jubilan... Ver Más