¿Qué causó más sorpresa el domingo pasado, el sopapo superlativo que las urnas aragonesas le propinaron al PSOE o el inesperado retroceso electoral del PP? Esa es la pregunta que debería haberse hecho el señor Azcón antes de salir por la noche parapetado un una sonrisa de oreja a oreja que parecía más propia del anuncio de una pasta de dientes que de una amarga victoria. ¿De qué se reía el señor Azcón? ¿Por qué estaba tan contento? ¿Y por qué aplaudía con tanto entusiasmo la claque de su partido? ¿De verdad estaban tan satisfechos? ¿Habían logrado sus objetivos? Me temo que no. Salvo el de ver a los socialistas despeñándose por el abismo de su peor cosecha electoral de... Ver Más