Sanae Takaichi lo ha vuelto a hacer. Hace menos de cuatro meses llegó al poder en Japón haciendo historia al convertirse en la primera mujer que lidera el país. Muchas voces quisieron rebajar sus méritos, atribuirle la condición de marioneta de los intereses de su partido, como se hizo antes con el salto a la presidencia de México de Claudia Sheinbaum.