En la China de la dinastía Han, hace más o menos dos mil años, ya se usaba el péndulo para predecir y ubicar terremotos. Su movimiento oscilatorio lleva siglos fascinándonos, y muy pronto lo estudiaron físicos, matemáticos y toda clase de adivinos profesionales en sus prácticas esotéricas. A Galileo le sirvieron para formular la gravitación universal, y los extraordinarios relojeros del pasado descubrieron que también servían para medir el tiempo, al ser el suyo un movimiento periódico que no depende de la masa del péndulo ni de la amplitud, sino de la longitud del hilo que lo sujeta y de la aceleración de la gravedad.