Gudari significa guerrero en euskera. Y pocas palabras definen mejor a Arkaitz Ramos. Lleva prácticamente toda la vida peleando: desde que empezó con karate con cuatro años hasta convertirse en uno de los nombres que ha visto crecer las artes marciales mixtas (MMA) en España desde dentro, desde los tiempos en los que se peleaba en veladas que hacían en discotecas hasta los grandes pabellones actuales. El próximo 21 de febrero, la promotora de la disciplina líder en España estrena su temporada de 2026 en el WOW 26 de Bilbao. Con esto, Gudari vuelve a pelear en casa. Lo hace tras dos derrotas consecutivas, pero también con la sensación de estar ante un punto de inflexión. «Estoy haciendo todo muy bien, no estoy dejando ningún cabo suelto, creo yo. Así que vamos a hacer algo bonito» , explica sobre su preparación. Uno de los cambios más importantes de este campamento ha sido mental. Por primera vez, Arkaitz ha incorporado a un psicólogo deportivo a su equipo. «Sí, esta vez he cogido a un psicólogo deportivo y la verdad que me está yendo bastante bien con él» , reconoce. Un paso lógico para un deporte que exige tanto a nivel mental, más aún si arrastras dos derrotas al hilo. «En la última pelea tuve muchas cosas en la cabeza y me pasó factura luego a la hora de entrar en la jaula». Esta vez, el objetivo será llegar limpio de ruido. Su relación con los deportes de contacto viene de lejos. «Yo desde muy niño, con cuatro añitos, empecé a hacer karate con los amigos» , recuerda. Tras un paréntesis con el fútbol, regresó a las artes marciales con 18 años. Y su debut profesional, en 2012, resume perfectamente otra época del deporte: «El día de la pelea yo salí de currar a las ocho de la tarde y el evento empezaba a las nueve o nueve y media». Así empezó todo. Desde entonces, Arkaitz ha visto evolucionar las MMA en España como pocos pueden presumir de hacerlo. «Ha sido brutal», afirma. «Yo no me imaginaba ver a un español en la UFC , y mira ahora todos los que hay». Hoy, reconoce que el nivel ha crecido de forma exponencial. «Ahora los chavales amateurs vuelan. Me coge un amateur de ahora y pasa por encima». Pero no solo el nivel, también ha cambiado todo lo que rodea al deporte. «Mi primera pelea fue en una discoteca. Había gente subida hasta encima de las máquinas de tabaco», rememora. Ahora, los eventos son profesionales y multitudinarios. Pero durante muchos años, como tantos otros, tuvo que compaginar peleas con trabajos de todo tipo. «He trabajado en la obra, de seguridad en discotecas, montando andamios… y ahora soy taxista». Un trabajo que, según explica, es el que mejor le permite entrenar. En lo deportivo, Arkaitz llega a este combate tras dos derrotas que ha analizado con calma . «La primera fue una derrota muy igualada. La segunda me dolió, no por perder, porque a mí realmente me da igual, ya a estas alturas, ya que fue porque no pude hacer lo que yo soy capaz de hacer», explica. Esa es la espina que quiere sacarse en Bilbao , ya que pelear delante de su gente es «lo mejor». Su rival, el portugués Milton Alfonso Cabral, promete guerra. «Parece que es un tío striker, un tío agresivo, parece que tiene bastante pegada…», analiza Gudari, dejando claro que espera un cruce duro. Y eso, lejos de incomodarle, le motiva. «Una pelea que… una guerra», responde cuando se le pregunta qué puede esperar el público. «A mí me gusta pelear, tengo la lucha dentro. Yo voy a ir a pegarme en el striking» , admite. A sus años, Arkaitz no piensa aún en el retiro. «Me gustaría hacer tres peleillas. Mientras estén las ganas…», dice con sinceridad. Su predicción es directa, sin teatro: «Diría KO en el segundo asalto, a mi favor». El Gudari vuelve a casa. Y un guerrero, cuando vuelve a casa, no suele hacerlo para rendirse.