El grupo chino Chery desembarcó en la Zona Franca de Barcelona con Ebro como socio. Se crearon dos joint venture para explotar la antigua planta de Nissan e iniciar allí la producción de coches de ambas compañías, teniendo la firma española el 60% del capital de las empresas conjuntas. La también china CATL hizo lo propio con Stellantis en Zaragoza, aunque en este caso para levantar una gigafactoría de baterías a través de la firma Contemporary Star Energy (CSE), cuya propiedad se divide al 50%. Son dos ejemplos de la inversión china en suelo europeo, en este caso en España, que hacen que la Comisión Europea arquee una ceja: Bruselas quiere poner coto al capital extranjero en las inversiones vinculadas al coche eléctrico, a las baterías o la energía fotovoltaica.