Amor al amarillo: la pujanza del MeigArco

Nada pareciera obstaculizar la inminente trayectoria de la flecha. Solo el aire, sin viento en la sala cerrada, la separa de la diana mientras las palas del arco se curvan y la cuerda se tensa. Muchas son, sin embargo, las fuerzas propias y ajenas que se oponen a la precisión del disparo. Lo saben bien en MeigArco, que luce sus últimos galardones con mayor orgullo.