Max, agricultor de setas: "Es rentable, gano durante todo el año hasta 5 euros por kilo, las cultivo en café dentro de contenedores de barco. Es más satisfactorio que trabajar detrás de un portátil"

El sector primario también puede ser un campo para la innovación y la sostenibilidad. Así lo demuestra Max, un joven belga afincado en Galdar (Gran Canaria), que ha puesto en marcha un proyecto pionero para cultivar setas de alta calidad utilizando posos de café como sustrato principal. Su iniciativa, que produce hongos comestibles durante todo el año en contenedores de barco reciclados, ha sido dada a conocer en el canal de YouTube MP DANCAUSA, conducido por María Pilar Dancausa. Junto a su compañera Cristina, ambos veterinarios de formación, Max vio una oportunidad de negocio en la isla. "Siempre nos ha encantado el tema de la sostenibilidad", explica. La idea surgió al detectar que no existía un cultivo local de setas y que se podía "aprovechar de un desecho para ser un producto muy local". El objetivo es ofrecer setas frescas y locales durante todo el año, desestacionalizando un producto tradicionalmente de otoño. El modelo de negocio se basa en la economía circular. Utilizan los posos del café, una materia prima que los bares y restaurantes desechan y que ellos obtienen de forma gratuita. "Es una pena, hay tantas toneladas que se tiran al vertedero", comenta Max, trabajador autónomo. A esto se suman los contenedores de barco, que compran a bajo coste cuando las empresas portuarias deben renovarlos y que, al estar ya aislados, son ideales para mantener una temperatura estable con un consumo energético muy bajo gracias al clima de Canarias. El cultivo se desarrolla en dos fases. La primera es la incubación, donde se mezcla la borra de café con otros desechos orgánicos, como hojas de platanera o paja, y el micelio, el hongo. "Mezclamos todo adentro con la borra de café y el desecho orgánico, y lo dejamos dos semanas" detalla el emprendedor. Este micelio lo compran a productores de las islas, aunque su objetivo es llegar a producirlo ellos mismos para controlar todo el ciclo. Tras dos semanas, los cubos pasan a un segundo contenedor para la fase de fructificación. Aquí, el micelio da su fruto: las setas, que crecen a través de los agujeros de los cubos. Cultivan diferentes variedades, como la seta ostra, más conocida, y otras más especiales como la melena de león, apreciada por sus propiedades medicinales. "La idea es poder cultivar todas las setas que podamos", afirma Max sobre su visión de futuro. El proyecto, que lleva aproximadamente un año en funcionamiento, se centra por ahora en el mercado local de Gran Canaria. Su principal ventaja competitiva frente a las setas que llegan de la península es la calidad y la frescura. Según Max, la rentabilidad actual es de "entre 4 y 5 euros por kilo", y el objetivo es mejorar la eficiencia para optimizar los costes de producción. Aunque la exportación de seta fresca es logísticamente compleja, ya están desarrollando nuevas líneas de producto que sí pueden viajar a otras islas. Un ejemplo es el café de setas, una colaboración con la empresa canaria Café Ortega que combina café ecológico con polvo de melena de león. "Poco a poco", señala Max, demostrando una estrategia de crecimiento gradual y sostenible. Max reivindica el valor del sector primario y la importancia de que los jóvenes se interesen por él. Aunque reconoce que emprender implica una gran carga de trabajo administrativo "que la gente no ve", la recompensa es enorme. "Cuando recolectas el producto y ves que tiene valor añadido porque la gente lo come y le gusta, tiene una satisfacción personal que es mucho mayor que trabajar detrás de un portátil", concluye.